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Gestión de las emociones desde el Autoliderazgo

Hablemos de Aprendizaje
Gestión de las emociones dede el Autoliderazgo

Después de unas semanas enfrentándonos al shock que ha supuesto para todos nosotros el coronavirus, poco a poco comenzamos a transitar por una etapa la que estamos intentando visualizar el futuro, a que retos tendremos que enfrentarnos y cómo vamos a hacerlo. La incertidumbre y los altos niveles de exigencia van a tener que convivir con un cóctel variado de emociones y de situaciones personales complejas.

La Inteligencia Emocional y con ella, la gestión de las emociones, tanto propias como las de las personas de nuestros equipos siempre ha sido clave, aunque quizá no se le haya dado el protagonismo y la importancia que tiene, si bien en estos momentos es y va a ser un elemento FUNDAMENTAL.

Desde 3 weeks os proponemos trabajar la gestión de las emociones desde el Autoliderazgo, como primer paso antes de gestionar las emociones de nuestros equipos.

Podemos definir el Autoliderazgo como la capacidad para observar e identificar nuestras propias emociones, entender que información nos están aportando y gestionarse a uno mismo para poder actuar de manera consecuente y alineada con nuestros objetivos.

Para comenzar a trabajarla os proponemos 3 tips que detallamos tras el salto:

  1. En primer lugar, observa las emociones que estas sintiendo a lo largo del día. Las emociones surgen como un mecanismo de supervivencia que aparecen de manera automática como respuesta a un estímulo.Para entender como funcionan las emociones podemos hacer el símil con el funcionamiento de los testigos de un coche. Cuando se encienden vienen a aportarnos una información que requerirá de una acción determinada para seguir circulando, por ejemplo, que nos estamos quedando sin gasolina, que el motor se ha calentado… ¿Imaginas qué pasaría si tapamos el indicador y no le hacemos caso? Las emociones funcionan de un modo similar. Por ejemplo, el miedo, es una emoción que se produce ante la percepción de una amenaza, que produce una respuesta de evitación o defensa. Cuando el miedo aparece nos indica que tenemos que valorar que recursos disponemos para afrontarla y en función de esto elegir la respuesta más adecuada. Por lo tanto, el primer paso para gestionarlo es aceptar que lo estamos sintiendo y entender que información me aporta.Para eso es importante observarse y ponerles nombre a esas emociones. ¡Y si puedes compartirlo con alguien, mejor! Compartir nuestras emociones, especialmente aquellas más tóxicas (miedo, tristeza y enfado) ayuda a rebajar el nivel de intensidad con la que lo estamos viviendo.
  2. Una vez reconocemos y aceptamos nuestras emociones, es importante controlar nuestro “clima mental”. Y los mayores protagonistas de nuestro clima mental son nuestros pensamientos, de hecho, emoción, pensamiento y acción están totalmente conectados. Cómo hemos dicho, las emociones son una respuesta automática, que no podemos controlar, sin embargo, es en los pensamientos donde realmente podemos intervenir.Para comenzar a gestionar los pensamientos ten en cuenta estas tres pautas:Primero, observa tu diálogo interno, las cosas que te dices.  Nuestra cabeza está en constante actividad, recogiendo información, valorando, calibrando… Esta información pasa por un filtro muy personal que se ha conformado a lo largo de nuestra vida por nuestras experiencias, nuestros valores, creencias…son como unas gafas, a través de las cuales interpretamos el mundo y que generan un dialogo interno que irremediablemente van a generar una vivencia personal y única de cada situación. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias “gafas” y es por esto por lo que las personas experimentamos de manera distinta una misma situación, ponemos más foco en unos aspectos o en otros, interpretamos determinados comentarios, acciones…de manera distinta…cada uno desde sus propias “gafas”.Y en ese proceso de interpretación de la realidad, nuestro cerebro, especialmente en situaciones desagradables, puede llevarnos a cometer errores o distorsiones que no nos ayudan.

    Por eso, te animamos a que detectes esos pensamientos negativos o distorsionados que aparecen en tu día a día. Algunos son verdaderamente automáticos. Una pista: presta especial atención a pensamientos en los que aparezca palabras como NUNCA, NADIE, TODO, SIEMPRE, DEBERÍA…

    En segundo lugar, analiza como estos pensamientos están influyendo en como te estás sintiendo, en tus emociones…y también en tus comportamientos.

    Y, por último, trata de reinterpretarlos buscando pensamientos alternativos que te hagan sentir mejor, que sean más racionales u objetivos. Para ello por ejemplo modifica esas palabras por otras algo más concretas preguntándote ¿Cuándo, ¿Quién, ¿Qué…?

    Recuerda también que nuestro pensamiento está conformado por imágenes, algunas de ellas nos llevan irremediablemente a imaginar el qué sucederá, cómo estaremos… Cuando imaginamos situaciones futuras activamos las mismas redes neuronales en nuestro cerebro que cuando están sucediendo en realidad, lo que puede también afectar a nuestro estado emocional. El mantener la mente ocupada, enfocarla al presente a través de la meditación, la relajación…nos ayudará a salir de ese bucle de preocupaciones futuras.

En definitiva, tenemos que conseguir que nuestra mente y pensamientos trabajen a favor de nuestro equilibrio emocional, ya que este nos ayudará a gestionar el cómo nos comportamos.

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